KABUL, Afganistán (AP)— Una serie de operaciones terrestres y bombardeos nocturnos perpetrados por las fuerzas militares de Pakistán en territorio afgano provocaron la muerte de al menos 36 civiles y dejaron a más de 160 heridos. El ataque, concentrado en las provincias fronterizas de Paktia, Paktika y Kunar, ha desatado una crisis diplomática y promesas de represalias por parte del gobierno talibán afgano.
El incidente más grave ocurrió en el distrito de Chamkani (Paktia). Según fuentes oficiales afganas, un proyectil inicial mató a un anciano y a un niño; cuando los aldeanos se congregaron para rescatar a las víctimas, la zona fue bombardeada nuevamente, cobrando la vida de 28 civiles. La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) confirmó de forma independiente el deceso de al menos 28 civiles, advirtiendo que la cifra es preliminar y podría aumentar.
Por su parte, el ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, justificó las acciones argumentando que se trató de una campaña antiterrorista en respuesta a un atentado perpetrado el fin de semana contra una sede paramilitar en Karachi, el cual dejó tres soldados pakistaníes muertos y fue reivindicado por el grupo insurgente Jamaat-ul-Ahrar. Islamabad asegura haber abatido a 29 combatientes y destruido refugios de los talibanes paquistaníes (TTP), acusando además a Afganistán de albergar terroristas y a la India de patrocinarlos, señalamiento que el gobierno indio calificó de «infundado».
Ante los hechos, ambos países convocaron a sus respectivos representantes diplomáticos para presentar enérgicas protestas. Mientras Kabul condena el bombardeo como un «acto cobarde de agresión», Pakistán mantiene a sus tropas en estado de máxima alerta a lo largo de la línea divisoria, rompiendo una tregua de apenas tres semanas lograda bajo la mediación de China.










