CINE.— Las secuelas de franquicias exitosas siempre desafían al canon, especialmente cuando la trilogía original de Toy Story cerró de forma perfecta. Tras una cuarta entrega aceptable y el tropiezo de Lightyear, llega a los cines Toy Story 5, una producción de Walt Disney Co. dirigida por el veterano de Pixar, Andrew Stanton, que oscila entre ser un «crimen contra la humanidad» y una propuesta bastante buena.
Con una calificación de tres estrellas de cuatro, el filme no alcanza la maestría de las primeras cintas, pero retiene la profundidad emocional de Pixar. En esta entrega, la vaquera Jessie (Joan Cusack) asume el protagonismo junto a la adorable Bonnie, pero el verdadero motor de la trama es un conflicto muy actual: el choque entre los juguetes tradicionales y la tecnología.
La crisis estalla cuando Bonnie recibe una tableta digital llamada Lily (Greta Lee). La adicción de la niña al dispositivo desata las alarmas en el mundo de los juguetes, quienes ven con horror cómo la infancia se sumerge en el «tiempo frente a la pantalla». El filme regala momentos inquietantes, como una escena donde los juguetes se mueven libremente por una casa sin ser vistos porque todos los humanos están absortos en sus monitores.
La narrativa lleva a Jessie en una misión de rescate para conectar a Bonnie con Blaze, una niña de nueve años, buscando salvarlas del aislamiento tecnológico. El clímax incluye una flota de Buzz Lightyears en modo de demostración y divertidos dispositivos antiguos que funcionan con pilas AA.
Aunque no es una obra maestra, Toy Story 5 justifica su existencia al abordar cómo las pantallas transforman la niñez. Con una duración de 102 minutos y clasificación PG, la película brilla especialmente en sus secuencias animadas con estilo de crayón, que recuerdan el valor del juego puro e imaginativo.










