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ALGO MÁS QUE PALABRAS

MAYOR TOMA DE CONCIENCIA;

ANTE EL DOMINIO DE UN MATERIALISMO ASFIXIANTE

Desvividos por vivir en mística alianza, participaremos de un espíritu cooperante y colaborador, ganaremos en adhesión, pero también en esperanza; ya que una labor conjunta siempre une voluntades, acerca pausas y hermana los pulsos”.

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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

corcoba@telefonica.net           

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La moral no puede estar por los suelos. Precisamos darle valor y valía, ante la multitud de realidades y hechos bochornosos que nos llevan a un desequilibrio total, con un aluvión de incertidumbres y contiendas verdaderamente destructivas. Para empezar, la inhumanidad y la ceguera del espíritu deshumanizante socava los derechos humanos y la cohesión social. Las consecuencias de esta pasividad e indiferencia, son cada día más terribles y temibles, lo que nos exige una acción de conjunto que tenga como punto de inicio una clara visión más ética y estética de todos los aspectos económicos, sociales y culturales. Tanto es así, que un anímico desarrollo no se reduce meramente a un mero crecimiento económico, sino al avance humanitario como sociedad.

Lógicamente, el germen de este progreso es un deber ciudadano, para que cada cual pueda realizarse y crecer en humanidad, hacia un horizonte vital, que es lo que nos da la satisfacción del impulso personal, haciéndolo en comunión y en comunidad. Al igual que no hay ciencia sin conciencia, tampoco cohabita una sana amistad, cuando los corazones se endurecen y los espíritus se encierran en si mismos, lo que acrecienta el interés mundano, con las consabidas luchas de oposición y desunión. En efecto, el futuro no se escribe sólo con códigos informáticos o paneles solares, sino activando una escala de principios, antes de que la avaricia de las personas, de las sociedades y de las naciones, suscite en unos y en otros un materialismo sofocante.  

No me gustan las pasiones que todo lo comercializan, hasta nuestra propia existencia, que ha de ser poesía y jamás poder. Sin duda, nuestros interiores son esa lírica libre que requiere compartir místicas identidades para enhebrar sueños y relanzar aires inspiradores. Seremos, entonces, más corazón que coraza, en un mundo que es de todos y de nadie en particular. Sea como fuere, no somos de aquí, estamos de paso y será el poso dejado en favor del bien colectivo lo que nos trascienda. Desvividos por vivir en mística alianza, participaremos de un espíritu cooperante y colaborador, ganaremos en adhesión, pero también en esperanza; ya que una labor conjunta siempre une voluntades, acerca pausas y hermana los pulsos.

Por ello, incluir la gestión de los recursos naturales en los acuerdos de paz es fundamental, al menos para no alentar la destrucción ambiental y la extracción irresponsable, que lo único que generan son abusos contra derechos humanos y absurdas batallas. La tentación de la barbarie, va a estar ahí siempre, sobre todo en situaciones cuyas injusticias claman al cielo. Nunca olvidemos que el hombre no es verdaderamente humano, más que en la medida en que, dueño de sus acciones y juez al mismo tiempo, se hace él mismo autor de su progreso y coparticipe de sus actuaciones, sabiendo que toda acción social implica consideración hacia toda savia, que no puede darse sin el desarrollo solidario de la gente.

Sin embargo; y, a pesar de la riada de abatimientos, se nos otorgó el discernimiento para huir de las ferocidades. Ahora bien, si queremos entrar en sanación; ha llegado el día, en que la violencia hacia otro ser análogo debe revolverse contra sí y volverse, tan aborrecible, como el aislamiento. Convertidos en individuos de profunda misión y en sujetos de incesante revisión, el penitente florecerá como poeta, porque se volverá amor. Justo lo que demandamos hoy, para revertir próximo, al prójimo. De manera que, estando todos en la auténtica retórica creativa, renazca ese poema perfecto con el que soñamos ser vida, como vínculo fraterno y signo de inspiración; ya que si la lozanía es el nuevo nombre de la paz; la cognición, es la presencia etérea en el yo. ¡Nos espera, pues, un gran gozo!

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

corcoba@telefonica.net

11 de marzo de 2026.-

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