Washington (AP). — El emblemático Estanque Reflectante del Monumento a Lincoln se encuentra bajo estricta vigilancia de la Guardia Nacional y la Policía de Parques de EE. UU., en medio de una carrera contrarreloj de la administración de Donald Trump por corregir una fallida remodelación de 14 millones de dólares antes del 250 aniversario de la nación.
A pocas semanas de haberse inaugurado las mejoras —que incluyeron un vistoso fondo azul seleccionado por el propio mandatario—, el agua sufrió una severa proliferación de algas que enturbió el lugar. Además, grandes fragmentos del nuevo recubrimiento plástico comenzaron a desprenderse y flotar en la superficie, desatando una oleada de críticas que se viralizó en redes sociales.
Denuncias de vandalismo sin pruebas
Fiel a su estilo, el presidente Trump utilizó sus canales digitales para atribuir el fiasco a presuntos ataques deliberados de opositores, a quienes tildó de «¡GENTE ENFERMA Y DESQUICIADA!». El mandatario aseguró en Truth Social que las autoridades realizaron múltiples detenciones por supuestos daños intencionales, afirmando que el estanque presenta una hendidura de 91 metros y que se vertieron sustancias químicas de forma ilegal.
«Se iniciarán de inmediato los trabajos para reparar el estanque reflectante, que ha sufrido graves daños por vandalismo», publicó el Ejecutivo federal.
No obstante, la Casa Blanca no ha presentado evidencias que sostengan la teoría del complot. Expertos apuntan que el vandalismo no explica la masiva multiplicación de algas, un problema que ha afectado la fosa por un siglo y que ahora se intensificó.
Arrestos de curiosos en la zona
Mientras cuadrillas de trabajadores federales emplean químicos y nanoburbujas de ozono para limpiar el agua, las fuerzas del orden han cercado el perímetro. Entre los ciudadanos retenidos destaca David Hearn, un exatleta olímpico de 67 años, quien relató haber sido retenido por cinco horas tras agacharse a tocar el revestimiento desprendido por simple curiosidad. «Quería ver cómo se sentía, era muy gomoso», declaró.
Ante la falta de claridad en el cronograma, el gobierno estadounidense reconoció que probablemente será necesario vaciar la gigantesca piscina por segunda ocasión para sustituir el material defectuoso, extendiendo la incertidumbre sobre el costo final de la polémica obra.










