¿Cuál fue el primer videojuego de la historia? Para muchos, la respuesta inmediata evoca nombres icónicos como Pac-Man o Super Mario Bros. Sin embargo, la realidad detrás del origen de esta industria es objeto de un intenso debate que trasciende las salas de recreativas y llega hasta los laboratorios de investigación.
Comúnmente, se señala a Pong, el simulador de tenis de mesa lanzado en 1972, como el pionero oficial. No obstante, historiadores y entusiastas suelen retroceder más en el tiempo para destacar a Spacewar!, un sofisticado programa de combates espaciales desarrollado en 1961. Incluso hay quienes argumentan que los rudimentarios sistemas de ajedrez computarizados de la década de los 50 ya sentaban las bases de lo que hoy conocemos como entretenimiento digital.
El dilema principal radica en la definición misma del término. Los precursores de los videojuegos no nacieron como productos comerciales masivos, sino como experimentos en instituciones académicas. Estudiantes e investigadores creaban estos programas como pasatiempos internos, lejos de imaginar el fenómeno global en el que se convertirían.
Para explorar a fondo estos hitos, surge la colección «Videojuegos Legendarios». Esta serie de libros propone un recorrido exhaustivo por la evolución de los títulos más influyentes, permitiendo a los lectores comprender cómo la tecnología y la creatividad se fusionaron en centros de investigación para dar vida a una industria multimillonaria.









