Hay algo especialmente difícil de explicar en las películas de Studio Ghibli. Sus mejores historias consiguen que lo extraordinario conviva con sentimientos cotidianos: crecer, perder a alguien, formar una familia o descubrir nuestro lugar en el mundo. Por suerte, esa forma de entender el anime no pertenece exclusivamente a Ghibli. Directores como Makoto Shinkai, Mamoru Hosoda y Mari Okada han firmado películas capaces de despertar sensaciones similares sin copiar el estilo de Hayao Miyazaki.
Children Who Chase Lost Voices sigue a Asuna en un viaje hacia Agartha, un mundo subterráneo repleto de ruinas y criaturas, donde detrás de la aventura se esconde una historia sobre la pérdida y la dificultad para despedirnos de quienes queremos.
The Deer King mezcla fantasía con conflictos políticos y una epidemia, construyendo un mundo natural extraordinariamente vivo que evoca La princesa Mononoke.
The Boy and the Beast lleva a Ren, un niño escapado de casa, al reino de bestias Jutengai, donde el guerrero Kumatetsu se convierte en su maestro. Una historia sobre crecer, enseñar y aprender a necesitar a otros.
Wolf Children presenta a Hana, una joven que cría sola a dos niños que se transforman en lobos, en una mirada emocionante a la maternidad y los sacrificios familiares.
In This Corner of the World sitúa a Suzu Urano en Kure durante la Segunda Guerra Mundial, observando cómo el conflicto transforma las rutinas de una familia con atención a los pequeños detalles históricos.
The Garden of Words, con apenas 46 minutos, convierte la lluvia y los silencios en parte esencial de la narración entre un estudiante y una mujer mayor.
Penguin Highway parte de una idea absurda: pingüinos apareciendo lejos del mar. Un niño curioso investiga el misterio donde ciencia ficción e imaginación infantil se dan la mano.
Maquia: When the Promised Flower Blooms plantea la historia de una madre que no envejece mientras cría a un niño humano. La maternidad, la separación y el carácter efímero de la vida pesan más que cualquier elemento fantástico.
Mirai convierte los celos infantiles en un viaje fantástico a través de encuentros con miembros de distintas generaciones de la familia.
Ninguna necesita imitar a Ghibli para resultar recomendable. Comparten la capacidad de encontrar lo extraordinario dentro de sentimientos muy humanos, y el anime está lleno de pequeñas joyas esperando ser descubiertas.










