Las deficiencias en la implementación de instrumentos de gobernanza y planeación constituyen la principal debilidad de los pequeños productores agropecuarios en México para enfrentar los efectos del cambio climático. Así lo revelaron los resultados preliminares del índice SAbERES, desarrollado por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) México tras evaluar a comunidades rurales en Oaxaca y Tabasco.
El instrumento analiza 32 indicadores distribuidos en seis dimensiones: natural, social, humana, económica, física y político-normativa. Las pruebas piloto aplicadas en las regiones oaxaqueñas de la Mixe y la Sierra Juárez, así como en Cunduacán, Tabasco, demostraron que, independientemente de la zona o actividad productiva, la dimensión político-normativa resultó ser de forma consistente la más deficiente.
Según explicó José Iván Zúñiga, director de Paisajes Forestales de WRI México, herramientas fundamentales como los atlas de riesgo o los planes de ordenamiento territorial no se ejecutan en las comunidades o carecen de la participación directa de las personas involucradas. Mientras que en la Sierra Juárez se registraron capacidades de adaptación muy altas debido a más de tres décadas de manejo forestal comunitario sostenible, en la región Mixe predominan niveles bajos por la falta de agua potable, vialidades deterioradas y escasa capacitación técnica. Por su parte, los ganaderos de Tabasco enfrentan severa vulnerabilidad ante sequías debido al monocultivo y la ausencia de prácticas de conservación.
Con 3.5 millones de unidades productivas de pequeña escala que generan más de 37 millones de toneladas de alimentos al año en el país, especialistas de WRI remarcan que integrar a los productores en la planeación territorial y facilitarles información climática oportuna resulta prioritario para reducir el impacto ambiental en el campo mexicano.










