Un potente terremoto de magnitud 7,7 sacudió la costa este de Indonesia a primera hora del sábado, cobrándose la vida de al menos 47 personas, dejando decenas de heridos y destruyendo numerosa infraestructura en la isla de Flores. El Servicio Geológico de EE. UU. ubicó el epicentro a 68 kilómetros al norte-noroeste de Ende, con una profundidad de 10 kilómetros.
El movimiento telúrico generó olas de tsunami menores —de hasta 1,6 metros en la localidad de Riung— que anegaron aldeas costeras con lodo y sedimentos. Aunque las autoridades emitieron una alerta inicial de maremoto, esta fue levantada horas después al descartarse variaciones críticas en el nivel del mar. Se han contabilizado más de 235 réplicas en la zona.
Desprendimientos e interrupción de servicios dificultan el rescate
Las tareas de emergencia se ven gravemente obstaculizadas por cortes en el suministro eléctrico, fallas en las telecomunicaciones y bloqueos carreteros provocados por deslaves en la autopista Trans-Flores. Además, poblados remotos han quedado sepultados o incomunicados por la falta de maquinaria pesada.
Para respaldar las labores de búsqueda, evacuación y logística en los seis distritos más afectados, la Agencia Nacional de Gestión de Desastres desplegó aeronaves y una embarcación de rescate. Las autoridades advirtieron que la cifra de víctimas mortales podría incrementarse conforme los equipos de salvamento accedan a las áreas aisladas.










