Los Ángeles, EE. UU. – Hollywood vuelve a caer en la tentación de homenajearse a sí mismo. Tras proyectos recientes como The Fabelmans de Steven Spielberg, ahora toca el turno a los autores más inesperados: las icónicas criaturas amarillas de overol. Sin embargo, Minions & Monsters, la tercera entrega de sus aventuras independientes producida por Universal Pictures, resulta un tropiezo narcisista que se estrena en cines este 1 de julio.
Bajo la dirección en solitario de Pierre Coffin, la trama sitúa a los Minions en los albores de la industria cinematográfica y, de forma inconexa, en medio de las protestas de las sufragistas. Dos inadaptados creativos, James y Henry, logran el éxito en el cine mudo hasta que la llegada del cine sonoro los expulsa del sistema debido a su incomprensible lenguaje. Para salvar su carrera, deciden filmar su propia película convocando a monstruos reales, comenzando por Goomi (con la voz de Trey Parker), una criatura verde con aspecto de juguete.
Un guion confuso y humor violento
A pesar de las ingeniosas referencias al cine clásico de Charles Chaplin o Ciudadano Kane, la propuesta falla en conectar con su audiencia:
- Brecha generacional: Los guiños al cine de culto aburrirán a los padres y serán incomprendidos por los niños en pleno 2026.
- Narrativa dispersa: Los guionistas Brian Lynch y Pierre Coffin añaden una subtrama romántica absurda entre una sufragista (Zoey Deutch) y un robot alienígena (Jesse Eisenberg).
- Tono elevado: El nivel de violencia es inusual para su clasificación PG, incluyendo caos macabro, empalamientos y una decapitación.
Calificación: Una estrella y media de cuatro. Duración: 90 minutos.
Con un recurso narrativo forzado y un cameo del cineasta George Lucas, la cinta se esmera tanto en gritar «¡Viva Hollywood!» que olvida la diversión simple que consagró a la franquicia.










