La organización de la Copa del Mundo 2030 enfrenta sus primeras turbulencias políticas de calado. El grupo parlamentario Sumar, en España, y el partido ecologista Livre, en Portugal, han unido sus voces para exigir formalmente que Marruecos sea apartado de la coorganización del evento deportivo más importante del planeta.
Esta drástica propuesta no es casual; responde directamente a la reciente crisis migratoria desatada en la frontera de Ceuta. Las formaciones políticas sostienen que los tensos episodios vividos en el perímetro fronterizo, marcados por la presión migratoria y la respuesta de las autoridades, resultan incompatibles con los valores de respeto y derechos humanos que debe representar un certamen de la FIFA.
Desde Livre y Sumar argumentan que la colaboración con el reino alauí en un proyecto de tal envergadura no puede ignorar la realidad de los derechos fundamentales en sus fronteras. Para estos colectivos, la gestión fronteriza de Rabat durante los últimos días constituye un escollo ético insalvable que debería invalidar su participación como anfitrión junto a las naciones de la Península Ibérica.
Cabe recordar que la candidatura conjunta, que también incluye encuentros inaugurales en Sudamérica, fue diseñada originalmente como un puente de unión entre continentes. Sin embargo, esta nueva fricción diplomática impulsada por sectores progresistas añade una capa de complejidad a una organización que ya se preveía desafiante. Por ahora, las instituciones deportivas no han emitido una respuesta oficial ante esta solicitud que tensa las relaciones bilaterales en un año clave para la planificación del torneo.










