ANKARA, Turquía – La cumbre de la OTAN en Ankara se transformó en un complejo tablero geopolítico. El presidente estadounidense, Donald Trump, reavivó la controversia al insistir en que Washington debería controlar Groenlandia en lugar de Dinamarca, su aliado transatlántico. Trump justificó su demanda alegando erróneamente que la isla está rodeada por embarcaciones rusas y chinas, una postura que incomoda a una organización basada en el respeto al territorio mutuo.
De forma paralela, Trump anunció el retiro de las sanciones a Turquía, impuestas tras adquirir sistemas de defensa rusos S-400. Este giro busca facilitar la reincorporación de Ankara al programa de cazas F-35, una prioridad para el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, aunque el movimiento enfrenta trabas legales del Congreso de EE. UU. y la firme oposición de Israel.
Para mitigar las críticas de Trump sobre el financiamiento europeo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desveló contratos de armamento multimillonarios. Los acuerdos incluyen la compra de aviones de vigilancia suecos Saab GlobalEye para renovar su flota, además de drones Triton y aeronaves de reabastecimiento Airbus.
Finalmente, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, redobló su exigencia para ingresar a la alianza, resaltando la capacidad de sus tropas frente a Rusia, de cara a su crucial reunión con el líder estadounidense.










