Atlanta, EE. UU. — La tecnología de balón conectado ha protagonizado uno de los momentos más dramáticos y controvertidos de la Copa del Mundo 2026. Al anular un gol de Croacia en el último minuto del tiempo añadido contra Portugal, esta innovación ha desatado el debate sobre la esencia del fútbol y la precisión tecnológica.
El incidente ocurrió en Toronto, donde Portugal ganó 2-1, avanzando a los octavos de final y dejando a los croatas devastados. Un gol de Josko Gvardiol fue anulado por fuera de juego, tras detectar la FIFA que Igor Mantanovic, de Croacia, rozó el balón con la cabeza de forma «imperceptible a simple vista e incluso en las repeticiones de vídeo».
La FIFA defiende su decisión, argumentando que los «sensores avanzados» integrados en el balón oficial «Trionda» de Adidas son capaces de detectar cualquier contacto mínimo con una precisión del 99.99%. Estos sensores IMU capturan datos 500 veces por segundo, transmitiéndolos en tiempo real a los asistentes de vídeo, permitiendo una «precisión sin precedentes» en decisiones como fueras de juego, manos y penaltis.
El árbitro Espen Eskås, tras ser alertado por el VAR, revisó el monitor y validó el toque imperceptible, mostrando un «gráfico de latido» que indicaba el contacto con la cabeza de Mantanovic. Esto implicó que Mario Palasic, en la jugada del gol, estaba en posición de fuera de juego.
La decisión generó una ola de críticas. El seleccionador croata, Zlatko Dalić, se mostró consternado: «Todas estas decisiones le quitan la alegría al fútbol». Similares sentimientos expresó Kasper Hjulmand, seleccionador de Dinamarca, en la Eurocopa 2024, cuando un penalti concedido a Alemania por una mano indetectable a simple vista, y un gol anulado, provocaron su lamento: «Así no es como debería ser el fútbol».
Esta tecnología, ya utilizada en el Mundial de 2022 y la Eurocopa 2024, continuará siendo un factor determinante en el desarrollo de la Copa del Mundo, marcando una nueva era en la toma de decisiones arbitrales, pero también abriendo un intenso debate sobre la humanización y la deshumanización del deporte.










