Beverly Hills, California. — La 83.ª edición de los Globos de Oro, tradicionalmente conocida como la «fiesta más borracha de Hollywood», se prepara para una gala marcada por un clima de tensión política e incertidumbre en la industria cinematográfica. El evento se celebra este domingo en un contexto de decepción en taquilla y la expectación por el futuro de un estudio histórico como Warner Bros.
El ambiente festivo podría verse opacado por la postura ideológica de gran parte de la élite de Hollywood. La mayoría de los artistas y cineastas que se congregarán en el Beverly Hilton se oponen abiertamente a las políticas del presidente Donald Trump. Es probable que muchos asistentes tengan en mente la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el controvertido asesinato a tiros de Renee Good, una madre de 37 años, a manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minneapolis.
A pesar de los altibajos en el reconocimiento de estos premios, los Globos de Oro siempre han servido como plataforma para mensajes políticos. La presentadora de la ceremonia, Nikki Glaser, ha insinuado que el público podría estar menos informado de lo esperado sobre estos temas, señalando a The Associated Press: «Les sorprendería saber que la mitad de la sala no tenía ni idea de por qué decía ‘Venezuela’. La gente no se entera de las noticias como nosotros».
El evento se perfila, por tanto, como un termómetro del sentir de la industria ante los desafíos políticos y sociales actuales, más allá del glamour y los reconocimientos artísticos.










