Estamos viendo cambios en lo que solo apenas hara 15 años veíamos que la globalización daba sus mejores resultados con baja inflación mundial, crecimiento acelerado del comercio y reducción de la pobreza mundial. No obstante podemos decir que eso está siendo parte del pasado, porque lo que hoy observamos es que el mundo se configura, y camina hacia un mundo dividido en bloques comerciales, con dudas sobre la seguridad nacional, y en donde se percibe la posibilidad de que no regresará a la idea de una aldea global única.
Todo esto fue el tema principal en Davos durante Foro Económico Mundial (WEF) de enero pasado, y en donde el balance arroja una reconfiguración drástica del orden global. Lo que pudimos ver es que la narrativa de «un solo mundo unido por el comercio» ha sido sustituida por la formación de bloques de seguridad económica. Abriendo una puerta muy peligrosa que sienta un precedente para que China invada Taiwán, por ejemplo, o Rusia capture a Zelensky. En donde las potencias ya no buscan la eficiencia de costos en Asia, sino la seguridad de suministro en regiones aliadas (friend-shoring), aceptando que el comercio ahora es una extensión de la política exterior y de defensa, y México es parte de América del Norte –de eso no hay duda– y es una posición que debe aprovechar.
¿Por qué nos debe interesar que el mundo cambie, y tome rumbos diferentes a lo que hasta ahora vivimos? Porque esto seguirá afectando el ritmo de vida que conocemos hasta ahora en nuestro espacio de desarrollo, en la educación, la economía, y modo de vida. Tenemos que estar atentos en el camino que se delinee con el cambio y los efectos que produzca, e identificar las oportunidades que trae consigo.
Algunos de los temas que se discutieron, como es el caso de lo que sucedió en paneles financieros en donde la credibilidad en el actuar de los bancos centrales, que dentro del cambio su actuar esta en entredicho, y preocupa, y pierden la confianza que tuvieron por muchos años, y sus regulaciones en la inflación ya no son creíbles. Situación que puede llevar a un deterioro del poder adquisitivo de la población.
Otro aspecto importante, se dio en un debate acerca de la desigualdad, que dio un giro pragmático. Y en donde se reconoció que el objetivo no debe ser igualar resultados (bajando a los de arriba), sino igualar oportunidades al nacer (subiendo a los de abajo). El cambio de paradigma discutido en Davos 2026 marca el agotamiento del modelo de redistribución punitiva y el nacimiento de una visión basada en la movilidad social ascendente. La tesis central sostiene que la desigualdad de resultados no es un fallo del sistema, sino la consecuencia natural de la libertad humana y la diversidad de talentos, mientras que la verdadera tragedia social reside en la desigualdad de puntos de partida. En este sentido, la discusión ha dejado de centrarse en cómo «bajar a los de arriba» mediante impuestos que erosionan el capital, para enfocarse en cómo «subir a los de abajo» garantizando que la cuna no dicte el destino económico de un individuo. Esta nueva perspectiva subraya que igualar las oportunidades al nacer es el único objetivo moralmente defendible en una sociedad liberal. Se argumenta que el Estado y la iniciativa privada deben concentrar sus esfuerzos en la creación de un piso mínimo de capital humano que incluya nutrición básica, salud y, fundamentalmente, una educación técnica y tecnológica de excelencia desde los primeros años. El objetivo no es que todos lleguen a la misma meta, sino que todos tengan el mismo calzado para iniciar la carrera. Una vez que este suelo común está garantizado, la desigualdad que surge posteriormente es vista como una «desigualdad meritoria», la cual es necesaria para incentivar la innovación, el ahorro y la inversión que benefician al conjunto de la economía. El análisis de regiones con alto crecimiento, como el Bajío mexicano o las zonas industriales de China, sirve de evidencia empírica para esta postura. En estos ecosistemas, el aumento de la desigualdad estadística ha coexistido con una reducción masiva de la pobreza extrema y una expansión de la clase media. El ahorro generado por quienes logran destacar primero se convierte en la inversión que crea empleos para los que vienen detrás. Por el contrario, las políticas que intentan forzar una igualdad de ingresos terminan por destruir el incentivo para el esfuerzo extraordinario, estancando la movilidad social y atrapando a toda la población en una igualdad de mediocridad. Finalmente, la igualdad de oportunidades se entiende hoy como el mecanismo más eficiente para el aprovecha miento del talento nacional. Cuando una sociedad permite que el hijo de un obrero se convierta en ingeniero o científico basándose exclusivamente en su aptitud y disciplina, está optimizando su recurso más valioso. En Davos 2026, el consenso emergente es que la justicia no consiste en repartir la riqueza ya creada hasta que todos tengan lo mismo, sino en eliminar las barreras institucionales, educativas y de seguridad que impiden que los más aptos, independientemente de su origen, puedan generar su propia riqueza y contribuir al legado económico de la nación. Sin duda este ultimo debate puede crear esperanza, pero habrá que seguir de cerca en que países lo implementan con seriedad. Todo esto son retos que un mundo nuevo nos depara por lo que es preciso hallar nuestro lugar en el, y encajar en forma armónica en lo que el cambio nos depara. Gracias
ARMANDO VALERDI










