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Analizan en BUAP regulación y efectos sociales de las redes digitales

La BUAP analiza el impacto de redes sociales en la comunicación contemporánea, donde dejaron de ser entretenimiento para convertirse en espacios que modelan opinión pública, participación ciudadana y políticas públicas.

El investigador Martín Rodrigo Echeverría Victoria, del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico, advirtió que su influencia plantea dilemas sobre regulación, veracidad, filtros algorítmicos y responsabilidad ciudadana al compartir desinformación.

Señaló que detrás de muchos contenidos existen intereses políticos, económicos o ideológicos, por lo que la duda sobre su veracidad debe ser un punto de partida permanente para cualquier usuario.

El académico apuntó que varios países han apostado por la alfabetización mediática, dirigida sobre todo a personas adultas, para dotarlas de criterios que les permitan identificar noticias falsas.

Regulación y protección frente a la desinformación

Echeverría recordó que plataformas como Facebook e Instagram ya moderan desnudos, contenido sexual o violencia explícita, y en algunos países están obligadas por ley a retirar falsedades.

En América Latina, dijo, el avance ha sido más lento, con excepción de Brasil, que exigió moderadores de contenido tras episodios críticos de desinformación y tensión postelectoral reciente.

Sobre la libertad de expresión, explicó que en Europa se privilegió proteger la integridad de los procesos electorales y el derecho a recibir información veraz frente a campañas manipuladoras.

Alertó sobre casos donde el crimen organizado utiliza redes como Instagram o TikTok para reclutar jóvenes bajo promesas engañosas de empleo, lo cual exige una protección reforzada estatal.

IA, noticias falsas y responsabilidad ciudadana

El especialista advirtió que la inteligencia artificial no solo genera contenidos, sino que perfecciona operaciones de desinformación al automatizar la fabricación y distribución de mensajes dirigidos masivamente.

Recordó un caso documentado por el New York Times sobre una red de dos mil quinientos “influencers” inexistentes en Instagram, que difundían mensajes coordinados en apoyo político específico.

Insistió en que la desinformación cotidiana pone en riesgo procesos democráticos y subrayó la necesidad de regular canales que promueven fraudes disfrazados de ofertas de productos o servicios.

Finalmente, llamó a la ciudadanía a no compartir ni dar “like” a contenidos sospechosos, verificar fuentes y consultar enfoques alternativos antes de contribuir a la difusión de información dudosa.

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